Vaya luna... luna menguante. Las nubes necias intentan ocultarte, te tienen envidia. Porque aún cuando menguas eres tan bella, tan absoluta. Eres única. Única luz. Único testigo de aquél santo pecado. Lejos de la realidad, lejos de todo. ¡Oh! Divino pecado... Pecado que resucita mi ser, pecado de pecados; vida de mi vida. Tu huella has dejado en mí. Dueles en el alma, pecado. Dueles en los labios, dueles en el corazón. Pero por mucho que duelas, divino pecado... curas mis heridas, curas mientras hieres. ¿Qué sería sin tí, hermoso pecado mío? El amanecer no tendría sentido y tratar de sobrevivir parecería banal. ¿Qué haría sin ti, bello pecado mío? Santo pecado. Eres ironía. Eres tormento, eres alegría. Eres aire lento, fuego frío... Qué daría por cometerte una y otra vez, cínicamente ante el Dios que perdona y absuelve de los de tu tipo. ¿Cómo puede concebir que tal pecado signifique el paraíso? Si es Él a quien tengo que rezar para sacarte de mí, daría mi alma al demon...