lunes, 10 de diciembre de 2018

Divino pecado


Vaya luna... luna menguante. Las nubes necias intentan ocultarte, te tienen envidia. Porque aún cuando menguas eres tan bella, tan absoluta. Eres única. Única luz. Único testigo de aquél santo pecado. Lejos de la realidad, lejos de todo.

¡Oh! Divino pecado... Pecado que resucita mi ser, pecado de pecados; vida de mi vida. Tu huella has dejado en mí.

Dueles en el alma, pecado. Dueles en los labios, dueles en el corazón.

Pero por mucho que duelas, divino pecado... curas mis heridas, curas mientras hieres.

¿Qué sería sin tí, hermoso pecado mío? El amanecer no tendría sentido y tratar de sobrevivir parecería banal.

¿Qué haría sin ti, bello pecado mío?

Santo pecado. Eres ironía. Eres tormento, eres alegría. Eres aire lento, fuego frío...

Qué daría por cometerte una y otra vez, cínicamente ante el Dios que perdona y absuelve de los de tu tipo. ¿Cómo puede concebir que tal pecado signifique el paraíso? Si es Él a quien tengo que rezar para sacarte de mí, daría mi alma al demonio con tal de conservarte conmigo... conservar tu divinitud, divinitud que ni Neruda entendería y que a Picasso resultaría difícil abstraer. 

Te cometeré tantas veces pueda. Te cometeré sin miedo a Dios y frente a Él, pues, aunque deba pagar con una eternidad en el purgatorio, agradecida estaré al mal por hacerme notar el bien en sus notas... por hacerme cometer el mayor de mis pecados. 

Eres necesario, pecado altanero. Eres soberbio, pecado orgulloso. Pecado original, pecado capital, pecado mortal. Eres todos y ninguno. Santo pecado, pecado necio. Necio tú y necia yo porque me doy el lujo de necesitarte. Pecado necesario, divino pecado. 

Divino pecado, eres tú. Pecado salvador, eres tú. Eres tú mi pecado, tu nombre llevan mis labios. Pecado perfecto, profundo, puro, preciso, pierio, pecado con P.

No hay comentarios:

Publicar un comentario