Vaya luna... luna
menguante. Las nubes necias intentan ocultarte, te tienen envidia. Porque aún
cuando menguas eres tan bella, tan absoluta. Eres única. Única luz. Único
testigo de aquél santo pecado. Lejos de la realidad, lejos de todo.
¡Oh! Divino pecado...
Pecado que resucita mi ser, pecado de pecados; vida de mi vida. Tu huella has
dejado en mí.
Dueles en el alma,
pecado. Dueles en los labios, dueles en el corazón.
Pero por mucho que
duelas, divino pecado... curas mis heridas, curas mientras hieres.
¿Qué sería sin tí,
hermoso pecado mío? El amanecer no tendría sentido y tratar de sobrevivir
parecería banal.
¿Qué haría sin ti,
bello pecado mío?
Santo pecado. Eres
ironía. Eres tormento, eres alegría. Eres aire lento, fuego frío...
Qué daría por cometerte
una y otra vez, cínicamente ante el Dios que perdona y absuelve de los de tu
tipo. ¿Cómo puede concebir que tal pecado signifique el paraíso? Si es Él a
quien tengo que rezar para sacarte de mí, daría mi alma al demonio con tal de
conservarte conmigo... conservar tu divinitud, divinitud que ni Neruda
entendería y que a Picasso resultaría difícil abstraer.
Te cometeré tantas
veces pueda. Te cometeré sin miedo a Dios y frente a Él, pues, aunque deba
pagar con una eternidad en el purgatorio, agradecida estaré al mal por hacerme
notar el bien en sus notas... por hacerme cometer el mayor de mis pecados.
Eres necesario, pecado
altanero. Eres soberbio, pecado orgulloso. Pecado original, pecado capital,
pecado mortal. Eres todos y ninguno. Santo pecado, pecado necio. Necio tú y
necia yo porque me doy el lujo de necesitarte. Pecado necesario, divino pecado.
Divino pecado, eres tú.
Pecado salvador, eres tú. Eres tú mi pecado, tu nombre llevan mis labios.
Pecado perfecto, profundo, puro, preciso, pierio, pecado con P.
No hay comentarios:
Publicar un comentario