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Ojos de mar

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Quiero llevarte a Capri, ojos de mar. Quiero llevarte a ver la gruta azul para que sepas lo que miro cuando veo tus ojos. Ojos de Mar, sonríe si tu respuesta es sí. Ojos de mar, yo sé que tus ojos no son azules. Son en realidad del color de los árboles secos y el rastro que dejan sus hojas cual sábana cobriza sobre el pavimento. Pero tú sabes, ojos, que tu mirada me alivia y tiene el poder de hacerme ver el más bello azul dentro de ella. No quiero dejar de verla.   Ojos, mírame. No sé qué estuvimos esperando todo este tiempo. Desde siempre quise poseer tu piel de luna, inmensamente pálida y fría en el filtro azul de mi perspectiva.   Ojos, nunca he probado tu boca. Ese placer se me ha negado desde el inicio de los tiempos, al menos desde esta eternidad que lleva tu nombre. ¿A qué responde ese castigo? ¿Sabes? Ya me cansé de preguntar, ya me cansé de la duda. Hoy sé que yo te quiero, ojos. Llévame contigo.   Tú eres mi futuro, ojos. Abre los ojos y déjame recordarte viva;...

Lo que te diga tres veces, Romeo, quizá sea verdad

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Él era mi Romeo, pero yo no era su Julieta. "Porque nunca hubo un cuento de tanto dolor como éste de Julieta y Romeo, su amor." A él lo esperaba su Julieta en su cama mientras él estaba en la mía. Era mi Romeo pero no era sólo mío. ¿Cómo llegué hasta aquí? Lo ignoro. Me deshago en dolor mientras pienso en su muerte. Ayer estaba vivo y aún me rogaba por un beso. Hoy no. Siempre me gustó su voz. Era la de un niño pero a la vez la de un hombre. Sus manos eran volátiles y ligeras, prodigiosas y regordetas pero hermosas. Tenía un par de avellanas en lugar de ojos y su cabello era rubio y tenía un olor peculiar. Olor que podría jurar que sigo oliendo en mi almohada. "Ven, noche gentil, noche tierna y sombría. Dame a mi Romeo y, cuando yo muera, córtalo en mil estrellas menudas; lucirá tan hermoso el firmamento que el mundo, enamorado de la noche, dejará de adorar al sol hiriente." Noche. Noche vestigio de mi amor desmesurado. No me diste a mi Romeo. Me lo quit...

Divino pecado

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Vaya luna... luna menguante. Las nubes necias intentan ocultarte, te tienen envidia. Porque aún cuando menguas eres tan bella, tan absoluta. Eres única. Única luz. Único testigo de aquél santo pecado. Lejos de la realidad, lejos de todo. ¡Oh! Divino pecado... Pecado que resucita mi ser, pecado de pecados; vida de mi vida. Tu huella has dejado en mí. Dueles en el alma, pecado. Dueles en los labios, dueles en el corazón. Pero por mucho que duelas, divino pecado... curas mis heridas, curas mientras hieres. ¿Qué sería sin tí, hermoso pecado mío? El amanecer no tendría sentido y tratar de sobrevivir parecería banal. ¿Qué haría sin ti, bello pecado mío? Santo pecado. Eres ironía. Eres tormento, eres alegría. Eres aire lento, fuego frío... Qué daría por cometerte una y otra vez, cínicamente ante el Dios que perdona y absuelve de los de tu tipo. ¿Cómo puede concebir que tal pecado signifique el paraíso? Si es Él a quien tengo que rezar para sacarte de mí, daría mi alma al demon...

Sobre el amor y Dios (el límite entre el cliché y la verdad)

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“ … Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará; pero mudo y de absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante un altar, como yo te he querido… desengáñate: ¡Así no te querrán! ” -Gustavo Adolfo Bécquer Por: Jocelyn Navarro Cuando se habla de amor, en un sentido un tanto comercial, muchas veces se menciona su relación con una religión o se compara al objeto amado con el mismo Dios. Pero estas afirmaciones se descuidan hasta que llegan a caer en un plano de cliché. ¿Hasta dónde se encuentra el límite entre cliché y verdad en estas comparaciones? Con este ensayo pretendo escribir una respuesta basada en opiniones personales. Dejando lo trivial de lado, creo que la conexión entre Dios y el amor es más que un cliché. Es un juego de pasiones. Cuando Fedro [1] opinó que el dios Eros era el dios más importante para el hombre, quizás no estaba tan equivocado. Después de todo, el toque divino que decía suele llega...